
La consulta es lo primero. Miráis juntos qué queréis suavizar, elevar o refrescar, y el plan se mantiene en proporción para que el resultado siga siendo vuestro.
Podéis venir por una sola zona, como los labios o las líneas entre las cejas, o por un plan que une varios tratamientos. Nada se añade por añadirlo. La visita no tiene prisa, las opciones se explican con claridad, y salís sabiendo qué se propuso, por qué, y cómo deberían sentirse las semanas siguientes.
El objetivo es un aspecto descansado y natural a la luz del día, no otra persona.